¿Cómo afectan las altas temperaturas en las enfermedades respiratorias crónicas?

Las altas temperaturas propias de la época estival unidas a la contaminación pueden provocar una elevada concentración de ozono troposférico, un tipo de gas que en altas cantidades puede afectar a nuestro estado de salud, empeorando patologías como el asma y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica -más conocida como EPOC-, entre otros problemas de tipo respiratorio.

 

El calor y la contaminación

Los componentes de la atmósfera suelen sufrir en verano cambios debido al calor. Por ejemplo, el aumento de la temperatura del suelo produce una acuciante formación de ozono, lo que provoca que, si éste contiene 3 átomos de oxígeno, el ser humano solo pueda respirar moléculas de oxígeno compuestas únicamente por 2 átomos.

El ozono troposférico a ras de suelo hace, por tanto, que empeoren el estado de las patologías respiratorias y pueda suponer un peligro para la salud.

La formación de este ozono troposférico sobre la superficie terrestre tiene su origen en las reacciones fotoquímicas entre contaminantes gases frecuentes, como los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles de la circulación de vehículos, unido a una alta radiación solar.

Por tanto, podemos decir que el calor propio del verano actúa como impulso para que estas reacciones proliferen, derivando en altas concentraciones de este tipo de gas.

Según los expertos, estudios a corto plazo muestran que concentraciones de O3 (ozono troposférico) – sobre todo durante el verano- tienen efectos adversos en la función respiratoria, contribuyendo a la inflamación pulmonar, insuficiencia respiratoria, asma y otras enfermedades broncopulmonares.

 

¿Cómo reducir los efectos?

Los expertos recomiendan evitar la exposición prolongada a altas temperaturas intentando mantener la temperatura de cualquier estancia que habitemos entre los 25 y los 27 grados, una temperatura ideal en esta época para no incurrir en un incremento los síntomas de las enfermedades respiratorias.

 

No obstante, es importante también tener en cuenta que el mantenimiento de una muy baja temperatura puede ser igual de perjudicial para los pacientes que sufren de estas patologías respiratorias crónicas, por lo que se recomienda limitar el abuso continuado de las mismas.